Con solo tocarla, ella se transformó. Su sangre ardiente, igual que su cuerpo, acariciaba con picardía y afán de conocer el cuerpo desnudo de ella. En pocos segundos el más puro frenesí les hacía acercarse más y más hasta llegar a la desconexión de sus mentes. En sus caras estaban dibujadas sonrisas entrecortadas por gritos de placer y ellos deseando que ese momento no terminase nunca. Se miraron a los ojos sin nada que decirse, sintiendo demasiadas cosas imposibles de describir. El corazón de él latía con mucha fuerza y ella fría pero sumergida en otra realidad. Cuando los labios mojados de la joven acariciaron los labios de su compañero no quisieron separarse jamás.

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